sábado, 2 de julio de 2011

Karma

Tu pequeña maldad hizo su cometido.

Ni siquiera fue una maldad, fue sólo un acto de amor. Que a él le hubiese herido saber que no se quedó con "eso" al final es otra cosa...

Pero le hiciste daño... mucho, al parecer.

Sí, eso hice. Y apenas me di cuenta hace unos momentos.

El pequeño verdugo sufre. Y no tiene razón de ello. Si este juego de maldades empezó con sus falsas palabras y sus juegos sentimentales que puso en práctica conmigo.

Acepto que, cuando comencé a vivir una nueva amistad a su lado, la venganza parecía ser tan perfecta y tan adecuada. El final feliz de esta oscura trama. Pero llegó el príncipe, tomó mi vengativo corazón y lo llenó de todo aquello que se me había negado varias veces.

Me convenció de olvidarme de todo eso, de sólo concentrarme en nuestra felicidad.

Sí, "nuestra". Un pequeño mundo en donde el verdugo no tiene lugar ya, en donde no podrá poner sus reglas ni podrá quebrantarme de nuevo. Entre los dos surgió una especie de guerra silenciosa que iniciaba al estar los tres juntos.

El verdugo jamás le reclamó nada. El príncipe es superior a él. Habría sido una batalla en vano cuyo vencedor ya estaba declarado desde el principio.

¿Y era necesario que supiera que ahora ya no...?

Algún día lo sabría. Y si yo se lo dije, era porque estaba segura que no le importaría. Fue un momento tan hermoso que al recordar ese contacto tan íntimo que viví con el perfecto caballero que ha robado mi corazón aún me provoca un sentimiento de felicidad y emoción.

¿Ves que sí le importó? Después de todo lo que vivieron, darle ese tipo de golpe...

Eso, mi buen amigo, se llama karma.

Y si algo peor le pasa, es porque se lo buscó.

Pero mientras no se dé cuenta, seguiré siendo su "hermana".

Qué idiota...