Lo sé.
Eres de lo peor.
Eso me dicen todos.
¿Dónde quedó esa mujer tan dulce y comprensiva de la que estábamos tan orgullosos, que siempre estaba ahí para ayudarnos?
Se ha ido.
Ocupaba ordenar mis cosas. Establecer prioridades, verificar detalles, pero ante todo, aprovechar la oportunidad que me está dando la vida para llevar a cabo todo aquello que se me había negado.
Mi verdugo... ese sujeto del que siempre quise escapar, volvió a mí. Llegó a ofrecerme un tratado de paz y un nuevo pacto de amistad, como vil ramera que se ofrece a sí misma de forma desesperada por unas cuantas monedas.
La confusión me acosó, pero huir de él no me ha hecho olvidarlo. ¿Amarlo? No más, pero eso no significa que haya disminuido mi amor por ese sujeto. Pero lucía tan desesperado por mi atención que no comprendo por qué carajos se humilló tanto a sí mismo sólo para tenerme a su lado una vez más.
Ése era el momento: ten cerca a tus amigos, y más cerca a tus enemigos.
No estaba en mi mejor situación: cero amistades, total hipocresía. Tu familia te da la espalda sólo por el derecho de ser tú mismo. Estaba sola. Y él, ahí... con su apoyo, sus sonrisas y sus lágrimas... todo eso quería compartir conmigo.
Me rendí ante su ofrecimiento. En tan dura situación, era lo mejor.
¿Valió la pena? Todavía me hago esa misma pregunta; estaba feliz a su lado. Me consolaba, me escuchaba, me aconsejaba y me hacía sonreír. Comprendía su dolor; y él entendía el mío. Acepto que ha cambiado... ya no es el mismo imbécil del que me enamoré años atrás, cuando pensaba que todo en el mundo es mágico y de color rosa cuando vives el amor.
Mi corazón llegó a suplicarme que abandonara mi horrorosa idea de herirlo... lentamente empezaba a ceder ante sus tratos y palabras dulces. Sin embargo, ver su rostro contraído por la indignación cuando le hablaba de otros hombres y escuchar sus comentarios llenos de celos me divertían más.
Como si el karma diera su aprobación ante tales bajezas, él fue azotado por el desamor, la mujer más importante de su vida resultó ser una cualquiera; sin otro consuelo que el mío, como mujer y como su "amiga", fue más sencillo tenerlo tan vulnerable y cerca de mí.
Pasaron las semanas. Nos convertimos en una clase de hermanos mezclados con amigos, e incluso como amantes... Y eso me gustaba. Pero era realista: jamás pasaría de ahí. Para él sólo sería una hermana más... mas eso era mi arma, su propia confianza en mí sería su golpe más duro.
Aconteció un suceso mucho más inesperado: llegó alguien más a mi vida. Un hombre cuya relación con mi verdugo era una hermandad no pactada mediante lazos de sangre, pero sí a través del vivir de sucesos extraordinarios, dolorosos y alegres por muchos años.
Eso sí me tomó desprevenida. Jamás planeé que eso pasara... conocerlo, tratarlo y mucho menos enamorarme de él... no obstante, me enamoré de sus tratos, sus hermosas palabras, sus maneras tan caballerosas y su excentricidad.
Mi verdugo lo supo, parecía feliz... pero esa máscara se fue al demonio con el transcurrir de los días. Se volvió distante, cortante. Incluso llegó a despotricar contra mí por "quitarle lo que a él le pertenecía". En este caso, su amistad con mi amado.
Mi gallardo caballero me contó la falsedad en la que vivía con la hermandad de mi eterno fantasma. Crescendo de ira; era una injusticia que un alma tan noble como la suya fuera pisoteada y manipulada al antojo de ese infeliz...
Era un reflejo de mí... y ahí la convicción de hacerlo pedazos se hizo más fuerte.
"Cuando pruebas el sabor de la venganza, suceden dos cosas: te repugnas por disfrutarlo y desertas de él o te vuelvas un maldito adicto".
Quizás me vuelva esa maldita adicta...
¡Deserta, deserta! Aún estás a tiempo...
No quiero hacerlo.
Si no es por ti, que sea por el hombre al que amas. Vive feliz, quédate a su lado y crea un nuevo futuro sin rencores y sin maliciosos deseos.
...
Por él...
...
Carajo...
Lady Mel
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