martes, 23 de noviembre de 2010

Otra oportunidad

No soy una mujer normal.

Nunca lo he sido; tal vez por esa razón siempre me pasan cosas que sólo serían posibles en las novelas o en las historias de fantasía. No lo digo porque mi vida sea de lo más interesante, pero siento que en años más recientes he vivido experiencias demasiado reveladoras para mí que me dejan reflexionando a tal punto que me hace creer en la tan conocida idea de que el destino de cada uno ya está escrito...

... prefiero pensar que el mío no, porque sólo yo defino quién quiero ser y lo que haré.

Es por eso que en esta ocasión me rebelé contra toda persona que buscaba manipular de alguna manera uno que otro aspecto de mi vida, principalmente el sentimental. Fue tan terrible el saber que una de las personas más cercanas a mí me apuñalara de esa manera y prefiriera darle todo su apoyo y comprensión al ser que la manipuló para actuar así. Desde ese momento, dejé de confiar en ella. Lo peor de esto es que aún me importa demasiado como para revelar la verdad sobre ese ser que ahora la manipula a su antojo.

Pero ése no es el punto a tratar aquí.

Sé que he dado mucho de que hablar cuando de mis elecciones se trata. Más de uno se impresionó de que decidiera darle mi corazón al joven con rasgos infantiles pero con una inteligencia comparable a la de un sabio anciano. Y varios dijeron que era uno de los peores errores que había hecho en mis 19 años de vida, en ese entonces.

Todos saben qué pasó entre él y yo. Y no quiero recordar nuevamente ese momento... porque, aunque ya haya pasado el tiempo, todavía me cuesta aceptar que todo lo que pensaba y creía de él era una mentira...

Pero hace poco, conocí a alguien que sólo puede ser descrito con una palabra: único. Su forma de ser, su manera de hablar, sus gustos, su forma de pensar.... No es un sabio, pero sabe lo que quiere. No se expresa con gracia o elocuencia, pero habla con la verdad. Tampoco se preocupa por las cosas, pero me demuestra que le importo con cada gesto o acción suya.

Tenemos el mismo pasado, pero con la diferencia de que él no ha puesto su corazón en manos ajenas. A diferencia de mí, cuyo músculo cardíaco ha de estar más que jodido gracias a las personas que lo hirieron. Él y yo ahora tenemos una gran responsabilidad: él debe cuidar mi cansado amor, y yo debo cuidar su inocente e intacto corazón... No tengo tiempo de ponerme a llorar por el pasado ni e lamentarme de lo que pudo ser, sólo sé que en este momento, tengo otra oportunidad de encontrar la felicidad.

"Sólo quiero ser feliz... y si es contigo, mucho mejor".

Te quiero, Roberto Alejandro Reyna.





Lady Mel


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